ACCIDENTE DEL TRABAJO, NO FUERZA MAYOR.

 

 

Siempre he entendido que para la formación profesional en  prevención de riesgos laborales, el estudio debe iniciarse en lo más elemental, esto es, comprender la relación fáctica y jurídica que contiene el acto jurídico  denominado “contrato de trabajo”. En efecto, esta relación implica una serie de obligaciones recíprocas, una de las es la “obligación de cuidado” que emana  de la voluntad del legislador y que se expresa en el art. 184 del Código del Trabajo chileno. Como contrapartida,  diversas disposiciones de origen laboral, tanto como civil, obligan al trabajador a considerar todo lo referente a sus actuaciones y comportamiento bajo el principio de la Buena Fe, ello no emana solo del art. 1456 del código sustantivo, sino, de la propia definición de contrato de trabajo del art. 7, del cuerpo normativo laboral, así como del art. 3 de ese mismo código.

 

¿porqué señalamos lo expresado anteriormente? Pues, por una razón muy sencilla, que se encuentra ligada a la forma, modo o condiciones en que el trabajador presta sus funciones. Efectivamente, la ley entiende que los servicios prestados por el trabajador lo son “bajo subordinación y dependencia”, y ello, no quiere decir, si no,  que el trabajador no actúa por iniciativa propia, lo hace siempre y en toda instancia bajo el mandato, la fiscalización, la dirección de su empleador. Lo que significa también, y así se deduce de otras disposiciones legales, especialmente aquellas que se refieren al término o caducidad del contrato,  que esta opera cuando injustificadamente el trabajador se niega a cumplir las órdenes de su patrono. Así las cosas, en la realidad el patrón manda y el trabajador obedece.

 

Si lo anterior lo miramos en relación a los riesgos del trabajo, ocurre una circunstancias alejada en forma absoluta de la lógica, desde que cuando el trabajador se percata de lo peligros que encierra la tarea o faena encomendada por su patrono, queda en la indefensión absoluta dado que obedece tal orden y corre el peligro de lesión o muerte, o0 desobedece a su patrón y dicha negativa puede ser causal de despido. El caso real y concreto que analizamos en esta ocasión nos revela todo lo anteriormente señalado. Pongamos atención que ha sido precisamente el empleador quien ha reclamado de la sanción aplicada por el organismo administrador, en el sentido que el hecho del que reclama constituye un accidente del trabajo.

El caso, como lo plantea la Superintendencia de Seguridad Social, dice lo siguiente.

 

“Empleador reclamó en contra de calificación de accidente del trabajo de Mutual de accidente ocurrido a trabajador que consistió en una caída de altura, desde la ladera de un cerro.

 

SUSESO señaló que, en la especie, el trabajador realizaba labores de corte de caminos de acuerdo a pauta diaria, con todos los elementos de protección personal, al percatarse que acuñador no se encontraba, comenzó con el cambio de stop “a puño”, instante que producto de una ráfaga de viento, perdió el equilibrio y se deslizó por una pendiente hasta un punto en que descendió en caída libre. Se desprende que el siniestro no obedeció a falta de elemento de protección y que, en su génesis, tuvo directa incidencia un hecho de la naturaleza.

 

Sin embargo, cuando un trabajador en cumplimiento de una actividad laboral se ve expuesto a un riesgo generado por un hecho de la naturaleza no puede desconocerse que, de no haberse encontrada en el lugar de los hechos, trabajando, no habría sido víctima del accidente. Además, este tipo de tareas, expone a los trabajadores que la realizan a riesgo de caídas, por tanto, corresponde calificarlo como un accidente del trabajo.  “.  


El simple y elemental análisis de la entidad fiscalizadora  expresa que la sola circunstancia de haber estado trabajando implica que se encontraba expuesto a los riesgos del clima y precisamente,  esta responsabilidad del empleador en el cuidado del trabajador lo obligaba a tomar todas las medidas necesarias para que el trabajador no sufriera lesión alguna durante su trabajo. Otra opción es, sencillamente, esperar que cambien las condiciones climáticas. En consecuencia el empleador incumple claramente con su obligación legal de cuidado y le hace responsable, penal, civilmente y de las sanciones administrativas como multas y paralizaciones de la faena.  

(Manuel Muñoz Astudillo – USM-Concepción, Chile).

 

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